"'Como en un cuento separando la gravedad del centro, recorriendo sin movernos el universo". Aunque técnicamente sí que nos movíamos, a ciento veinte kilómetros por hora, con la mente en las nubes. Siempre he creído que cantar en el coche es uno de esos pequeños placeres de la vida, de esos que te hacen feliz a cambio de nada. Susurrábamos los versos de 'Inerte' delicadamente, como cuando abres un libro antiguo, deleitándonos con su aroma, pasando sus páginas y pronunciando sus palabras una a una, con muchísimo cuidado. Mientras los rayos de sol acariciaban sus pestañas, abrió los ojos y le miró. Él estaba sonriendo, y no era una de esas sonrisas por compromiso, era una de esas sonrisas de 'me da absolutamente igual todo, voy a vivir el momento, aquí y ahora, y voy a comerme el mundo'.
Era la sonrisa más bonita que jamás había visto.
Era la sonrisa más bonita que jamás había visto.
Viajar contigo es totalmente diferente. Y al mismo tiempo durante el viaje se puede vivir de muchas maneras. En silencio y no pasa nada. Hablando y contando anécdotas. Cantando los dos o uno a uno. O mirándote de reojo mientras duermes en la primera postura que hayas pillado. Me da igual donde sea pero viajar contigo es muy especial.
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