29 ene 2013

Allí donde solíamos gritar

Siempre me han llamado la atención los conciertos por el vínculo que se establece entre el artista y el público, como una obra de arte que puedes percibir con todos los sentidos y a través de la que expresarte cuando las palabras se quedan cortas. Ya lo decía Schopenhauer, en la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro y el mundo no es sino música hecha realidad.
 No estoy segura sobre a cuantos conciertos habré ido a lo largo de mi vida, pero de lo que sí estoy segura es que nunca podré olvidar aquel cinco de febrero del dos mil once. Tampoco estoy segura de cuántas veces habré escuchado 1999, y lo escuchara en el órden que lo escuchara, estaba completamente segura de que hablaba de mi. De ti. Y de nosotros. De nuestra historia.
Todos los conciertos en cierto modo son especiales y dejan pequeñas secuelas únicamente percibibles a largo plazo en nuestra memoria. Pero este... Este significaba algo más que un concierto normal y corriente. Este suponía el final de un ciclo, una bonita forma de cerrar el círculo — tenía, o más bien necesitaba gritar, bailar, cantar y llorar todas esas canciones, terminar de hacerlas mías, nuestras por completo, mientras me mirabas de reojo — en cierto modo, algo terminaba, se abría una nueva página en blanco dentro de mi, volviendo al punto inicial, una página que llenar con nuevas canciones, sonrisas y tiendas de campaña para dos. Porque nos queda todo el tiempo del mundo para vivir, pero a tu lado.


28 ene 2013

Canción para cantar una canción

Esa música...
Insiste, hace daño
en el alma.
Viene tal vez de un tiempo
remoto, de una época imposible
perdida para siempre.
Sobrepasa los límites
de la música. Tiene materia,
aroma, es como polvo de algo
indefinible, de un recuerdo
que nunca se ha vivido,
de una vaga esperanza irrealizable.
Se llama simplemente:
canción.
Pero no es sólo eso.
Es también la tristeza.


Angel González.

12 nov 2012

Inerte.

"'Como en un cuento separando la gravedad del centro, recorriendo sin movernos el universo". Aunque técnicamente sí que nos movíamos, a ciento veinte kilómetros por hora, con la mente en las nubes. Siempre he creído que cantar en el coche es uno de esos pequeños placeres de la vida, de esos que te hacen feliz a cambio de nada. Susurrábamos los versos de 'Inerte' delicadamente, como cuando abres un libro antiguo, deleitándonos con su aroma, pasando sus páginas y pronunciando sus palabras una a una, con muchísimo cuidado. Mientras los rayos de sol acariciaban sus pestañas, abrió los ojos y le miró. Él estaba sonriendo, y no era una de esas sonrisas por compromiso, era una de esas sonrisas de 'me da absolutamente igual todo, voy a vivir el momento, aquí y ahora, y voy a comerme el mundo'.
Era la sonrisa más bonita que jamás había visto.

31 oct 2012

El equilibrio es imposible.

Deslizó sus labios por mi cuello cual madelman de 'domingo astromántico' susurrando los versos más dulces jamás imaginados. Necesito tu sonrisa para sonreír. No podía evitar estremecerme al contacto de sus dedos, dibujando infinitos en mi clavícula, recorriendo mi espalda con sus siempre cálidas manos. Siempre podemos discutirlo entre las sábanas o cambiar el rumbo de nuestras vidas disolviendo kilómetros mediante suspiros. 
El equilibrio es imposible, quítate la ropa.