15 sept 2010

¿Quieres mirar la lavadora conmigo?

Tu chico fabuloso te ha invadido el blog porque estás muy ocupada con todos tus exámenes. Escribió esto ayer mientras estaba acurrucado en un rincón de su cama escuchando a Quique González mientras te estaba echando de menos. Contigo ha aprendido a saber lo que significa echar de menos y querer lo que no ve y quedarse embobado mirando tus fotografías. Tu sonrisa que le tiene enamorado y la mirada que acojona cuando te tiene delante. Sigue recordando cada beso, cada roce de tus labios y cada caricia en su cara. Le gusta tu voz en formato susurro, en formato gemido y en formato secreto. También recuerda cómo su corazón se acelera cuando te ve subir las escaleras de Atocha o el primer abrazo en estado de shock aquel dieciocho de julio. Le encanta preparar planes para hacer y descubrir lugares juntos aunque luego acabéis perdidos al lado de una paloma en estado de precalentamiento. O tocar casi el cielo (o la felicidad) con la punta de los dedos y ver Madrid desde las alturas aunque él no sabía ni donde estaba en esos momentos. Puede que sea muy pastel cuando compartáis besos subterráneos o besos en las alturas o besos a ras de suelo pero no lo puede evitar. Al igual que no puede dejarte dormir la siesta después del picnic con miles de cosquillas. Se deja robar montones de besos y es incapaz de no sonreír mientras lo haces. Le encantaría detener el tiempo a la hora de las despedidas y seguir subidos en esa nube y no teneros que bajar casi de repente. Se murió de vergüenza a la hora de declararse pero en el fondo se moría de ganas de hacerlo. No sé si te lo ha dicho pero le has quitado montones de miedos y temores de encima. Aunque el cuaderno ahora lo tengas tú, sigue conservando tu olor entre los tebeos y de vez en cuando se impregna las manos con tu aroma. Le encantan los mensajes inesperados que le mandas y sobre todo los de buenos días. No olvida ese momento de ternura que tuviste cuando estuvo a punto de derramar unas cuantas lágrimas en el césped. Le conoces muy bien y sabes perfectamente cuál es su estado de ánimo y adivinas el gesto de su cara desde el primer día que le viste.
Puedes estar segura de que te quiere con todas las letras y hasta debajo del agua piensa en ti.


GLUP, GLUP3

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