30 oct 2012

(Te) lluevo.

Cada vez que las gotas de agua recorren a una velocidad vertiginosa la superficie de mi ventana, es inevitable que mi memoria retroceda a aquel lluvioso mes de abril del dos mil diez.
 Meteorológicamente hablando, no pasó a la historia por ser el mes más lluvioso del año, ya que físicamente, la que llovía era yo. Generalmente se tiende a identificar la lluvia con la tristeza, la melancolía, comparando las gotas de lluvia con las lágrimas, pero no tiene por qué ser así, ya que las lágrimas gozan de un pequeño instante de felicidad mientras resbalan por nuestra mejilla antes de romper en nuestra clavícula como si de olas se tratase, por fin son libres. No recuerdo haber llorado tanto nunca, pero tampoco haber sonreído tanto, y era una sensación increíble.
Aunque tú no lo sepas, me enamore de todas y cada una de tus sonrisas antes de haberte visto, y por eso, cuando llueve, miro al cielo y mientras las gotas de lluvia inundan la curvatura de mis pestañas, me pregunto qué habría hecho si no te hubieras cruzado en mi camino.

2 comentarios:

  1. Siempre se pueden cambiar lágrimas de pena por lágrimas de emoción o de alegría, que son las mejores lágrimas posibles que existen. Por que te sientes tan bien al secártelas y decir, jo, vaya rato, pero ha sido un buen rato.

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