Decía que las casualidades existen, que te enamorabas de mi cada vez que la nieve rozaba mis pestañas, me espachurrabas y casi podía sentir a Chris Martin susurrando en mi oído look at the stars, look how they shine for you. Era absurdo pensar que mi corazón estaba a punto de estallar, pum, una especie de Chernobil interior, sin radiactividad, claro. Tus besos provocaban una emisión descontrolada de energía por la desintegración de los núcleos de mis células mis inestables.
Y era verdad, cariño, I don't shine if you don't shine.
Decirte antes de entrar a tomarnos el chocolate que estaba empezando a nevar y tú no notar nada, darme el chocolate como si fuera un niño pequeño mientras pienso en más pistas sobre mi sorpresa navideña, salir a la calle y comprobar que nieva de verdad, llegas a la conclusión que no quieres ir a clase, alegrarme el resto de tarde/noche, pasear por las callejuelas salamanquesas mientras de vez en cuando nos paramos, nos resguardamos y nos besamos mientras los copos de nieve se posan en nuestra ropa, no importarme no sentir las manos ni los pies, solo estar pendiente de ti y de tus besos. Llegar la despedida y no querer soltarme de ti, no poder dejar de besarte y querer seguir espachurrarte.
ResponderEliminarDe sobra sabes lo que provocan tus besos en mí.
GLUP GLUP